El Día de la Corbata -por el Padre Luís Rosario-

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El Día de la Corbata

 

“Cosas veredes, amigo Sancho”.
Me sentí sorprendido y confuso cuando alguien me informó que había sido promulgado un nuevo decreto, el 357-17, que declara el 11 de Octubre como “Día nacional de la niña”. De entrada me pareció discriminatorio. Al informarme más, supe que esta declaración era una respuesta a otra semejante hecha en el año 2011 por la ONU, con la resolución 66/170.

Sin dudar de las buenas intenciones, pues nadie puede rechazar que a la niña hay que protegerla, recordé que ya había un “Día Del Niño”; que, si bien el lenguaje no era inclusivo, INCLUIA no sólo a los niños, sino también a las niñas. Pero, «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira», diría el pesimista Ramón de Campoamor.

Para distraerme del impacto de ese decreto, poco después recibí un mensaje de Whatsapp recordando que el 18 de octubre es el “Día de la Corbata”. Aunque me dio risa, lo tomé en serio y también quise saber un poco. Me informé de que esta efeméride resale a los tiempos en que este atuendo decorativo empezó a utilizarse por los soldados de Croacia en 1635. ¡Yo que lo creía un nuevo invento! ¡Qué ignorancia la mía!

Supe también que, luego de los soldados, los funcionarios se antojaron de la corbata y la hicieron hábito obligado de su función pública. Y el trapito colgado al cuello fue ganando adeptos, como signo clasista, de distinción, elitista y de aristocracia. ¡Con lo que le coge a la gente!

Tanto se posicionó la bendita corbata que Oscar Wilde, el dramaturgo de origen irlandés, no dudó en afirmar: “Una corbata bien anudada es el primer paso serio de la vida”. Y la gente ha llegado a creer que es así. Hasta el punto de que un pelafustán cualquiera, para ganarse credibilidad ante la opinión pública, jamás se presentaría a un lugar “serio” sin una corbata, aunque ande con pantalón de fuerte azul y calzapollo.

Pero, así como se dice que el hábito no hace al monje, habría también que afirmar que la corbata no hace al hombre serio. Porque muy frecuentemente la corbata no es más que un “engañabobos” social, que muchos se tragan sin digerir.

Es bueno recordar lo que dice un sabio cualquiera: “La gente seria es la que generalmente hace SERIOS PROBLEMAS”.

De mi parte, amigo Sancho, hace tiempo me salí de la trampa y prefiero que me examinen la cara y los ojos para saber si me esfuerzo por ser serio y no que me acrediten sólo por usar un hábito monacal o una ridícula corbata.

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